
Yo tenía un aceptable conocimiento de la lengua inglesa, pues entre abril y agosto del 39 había pasado una temporada en Torquay, Devon. Así que intenté establecer una conversación con el prisionero, pero él permaneció mudo, sin responder a ninguna de mis preguntas. Poco después, le oí que decía algo en inglés, pero no se podría afirmar que su inglés fuese bueno.
Tras hacerle algunas preguntas más, él empezó a hablarme en alemán, afirmando que, en realidad, no era inglés, sino alemán de Dirschau, en Polonia. Inmediatamente detuve el tanque y apagué el motor. Le dije que sabía muy bien que él era miembro del ejército polaco que se encontraba bajo el mando del general Anders y que, como tal, lo consideraba combatiente enemigo.
Pero le advertí que si de nuevo era hecho prisionero de nada le serviría decir que era alemán, porque seguro que sería fusilado en el acto.
A pesar de que estaba herido le permití que abandonara el tanque; le dije que se sentara a un lado de la cuneta y esperara la llegada de sus compañeros, que pronto aparecerían por allí y se harían cargo de él. Tal vez todavía esté vivo y pueda confirmar cuanto digo aquí.
Fuente: Imágenes de la guerra
Ed. Rialp, S.A.
ISBN: 84-321-2722-1






